El día comenzó tranquilo, desayuno y una visita al sauna, prepararse e ir para acompañar a los Novios a tomarse las fotos antes de ir a la iglesia.
Después de meses de preparativos el día había llegado, todo acabaría en unas 7 u 8 horas de celebración y brindis.
Ahí estaban ellos, lindos como muñequitos de pastel, mi hermano (el novio) y su bella novia (mi cuñis claro), impecables, pulcros, felices. Posando a la cámara entre arboles, caminos empedrados y miradas curiosas en una glorieta en el centro de Coyoacán.
La hora de la ceremonia religiosa se acercaba los nervios aunque lo negaban eran evidentes, la Iglesia tranquila sin ruido en una tarde verdaderamente tranquila como en esos días predestinados en los nada puede salir mal.
El novio llego primero, familiares y amigos lo acompañaban los invitados llegaban poco a poco. Las damas de honor se empezaban a agrupar entre nervios y emoción. El vehículo que lleva a la novia aparca enfrente de la iglesia, todo está por comenzar.
La ceremonia fue bella, el sacerdote amable y los novios sonrientes. Y yo por mi parte como muchos, preocupado más en tomar la foto del recuerdo que en la oración, (pero Dios me perdonara eso y otras cosas ya que soy muy bueno).
Los votos, los anillos el lazo, la vela todo eso fue nada comparado con el beso después del "Marido y Mujer", a qué bonito ver la felicidad reflejada en la mirada de ellos.
Entre aplausos salieron y volvieron a posar para las fotos, nunca en toda su vida les tomaron tantas fotos como en aquella tarde; abrazos, felicitaciones y buenos deseos llegaban de todos lados. Los ahora Esposos se preparaban para ir a la fiesta en su honor.....
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